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martes, 26 de noviembre de 2013

Filosofía Hoy nº 26

Twitter: @filosofiahoyFH

El numero 26 de la revista Filosofía Hoy nos ha dejado unas buenas recomendaciones de lectura y algunos interesantes "recortes para pensar", que traslado en esta entrada.

En el artículo sobre Adela Cortina, por Gabriel Arnáiz, me quedaría con
Las fronteras de la persona, en Taurus

 y con ¿para qué sirve realmente la ética?, en Paidós


Los "recortes para pensar" que más me han llamado la atención:















Del dossier acerca de las Utopías me quedo con las propuestas de lectura de Richard Dawkins y de Edgar Morin.


Igualmente hay unas cuantas ideas sobre las que merece la pena llamar la atención.




Otra propuesta interesante para reflexionar acerca de escepticismo, como recurso inestimable de nuestra cultura frente al totalitarismo, es la que nos hace Odo Marquard en Individuo y división de poderes, ed. Trotta.




En El hombre corriente de G.K. Chesterton tenemos la recuperación de un clásico del pensamiento de finales del siglo XIX



Por último, tenemos una apuesta terrible pero no por ello menos interesante. La filosofía del desastre que nos plantea Alberto Caraco en Breviario del Caos, ed. Sexto Piso.





viernes, 3 de agosto de 2012

Montaigne. Stefan Zweig





Cada vez que me enfrento a la lectura de uno de los textos del escritor austríaco no puedo por menos que esperar, tal como ha ocurrido hasta ahora, encontrarme ante una obra maestra. En este caso particular, esta alta expectativa viene motivada por dos aspectos fundamentales, primero porque se trata de una de las últimas obras del malogrado escritor centroeuropeo, inconclusa ya que su prematura muerte devino antes de su finalización, y, en segundo lugar, debido al tema mismo que aborda la obra: la vida de uno de los más grandes pensadores que alumbró el Renacimiento europeo, en cuyo pensamiento me encuentro altamente interesado.
La cuidada edición de Acantilado, sobre cuyas cálidas y ahuesadas páginas es deleite deslizar la vista y el grafito, fijador de las ideas más brillantes o simplemente de aquellas que mejor sintonizan con mi estado de ánimo, constituye un acicate más para disfrutar de esta obra que la editorial catalana ha rescatado de un olvido más que seguro.
No se trata el autor vienés de un pensador cómodo para el statu quo de los poderosos y privilegiados, siempre planteando cuestiones fundamentales acerca de la vida en sociedad, de la justicia, de la libertad o el respeto de credo y de vida;  siempre llamando la atención de los que nos gobiernan y su responsabilidad ante la Historia y ante la Humanidad. Fue tan grande su compromiso consigo mismo que fue incapaz de soportar la visión de un mundo que, prometiendo el cielo, se deslizaba rápidamente hacia el abismo al paso de ganso de las tropas nazis que arrasaban a su paso todo lo bueno que el arte y la inteligencia humanas habían sido capaces de crear, dejando solamente barbarie y desolación. La delicada mente de Zweig, ya testigo de los desastres de la Primera Guerra Mundial, fue incapaz de soportar más dolor y, junto a su mujer, puso fin a su vida el 22 de febrero de 1942.
Esta cuestión me lleva a comprender la causa de que la lectura de su obra se encuentra deliberadamente silenciada en todos los planes de estudio en nuestro país. Aunque ello es perfectamente comprensible durante la oscura y gris dictadura franquista, resulta del todo insólito que en los años que llevamos de democracia no haya sido incorporado, más bien reivindicado, de manera franca en los actuales planes educativos.
Este ensayo acerca de Montaigne que nos ocupa, deja bien patente la hermandad de alma existente entre Zweig y Montaigne, ambos preocupados por las mismas cuestiones referentes a la forma de estar en el mundo y a la forma de vivir la propia vida. El texto se desgrana como un diálogo entre dos pensamientos finamente sintonizados, en el que los temas tratados son de una actualidad pasmosa.
Es absolutamente increíble que en 1500 o en 1942 o en 2012, sigamos enfrentándonos a los mismos problemas fundamentales de la Humanidad. ¿No han servido de nada los millones de muertes que han regado con su sangre nuestro camino en la tierra?.

http://es.wikipedia.org/wiki/Stefan_Zweig 
Pensamientos destacados de la obra:

Sólo aquel que tiene que vivir en su alma estremecida una época que, con la guerra, la violencia y las ideologías tiránicas, amenaza la vida del individuo y, en esta vida, su más preciosa esencia, la libertad individual, sabe cuánto coraje, cuánta honradez y decisión se requiere para permanecer fiel a su yo más íntimo en estos tiempos de locura gregaria, y sabe que nada en el mundo es más difícil y problemático que conservar impoluta la independencia intelectual y moral en medio de una catástrofe de masas. (pág. 11)

Es consustancial a los jóvenes no dejarse aconsejar templanza y escepticismo. Cualquier duda se convierte para ellos en un freno, porque necesitan fe e ideales para desatar su energía interior. E incluso la locura más radical absurda, con tal de que los entusiasme, les resulta más importante que la sabiduría más sublime, que debilita su fuerza de voluntad.  (pág. 13)

Y, a los de nuestra generación, nos parecía que Montaigne daba tirones inútiles a cadenas que creíamos rotas hacía tiempo, sin sospechar que el destino las había forjado ya de nuevo para nosotros, más duras y crueles que nunca.  (pág. 13)

También nosotros tuvimos que vivir una de esas terribles recaídas del mundo después de una de las más gloriosas ascensiones, también a nosotros nos han despojado a latigazos de nuestras esperanzas, experiencias, expectativas y entusiasmos hasta el punto de que no nos queda por defender sino nuestro yo desnudo, nuestra existencia única e irrepetible.  (pág. 14)

Carta de La Boétie a Montaigne en 1560
¡Qué destino nos ha hecho nacer precisamente en estos tiempos! Contemplo el ocaso de mi país y no veo otro camino que el de emigrar, abandonar mi casa e ir donde el camino me lleve. hace tiempo que la cólera de los dioses me apremia a huir, mostrándome las vastas y abiertas tierras del otro lado del océano. cuando en el umbral de nuestro siglo surgió de las olas un nuevo mundo, fue porque los dioses lo destinaban para ser un refugio en el que los hombres cultivaran su propio campo bajo un cielo mejor, mientras la terrible espada y una ignominiosa calamidad condenan a Europa a la destrucción. (pág. 19) 

Lo externo no puede quitarte nada ni turbarte, mientras tú no te dejes turbar. El hombre de entendimiento no tiene nada que perder. Los acontecimientos de este mundo nada pueden contra ti mientras te niegues a tomar parte en ellos; el desvarío de la época no es una calamidad real mientras conserves tu claridad de ideas.  (pág. 24)

Nada nos protege más en una época de confusión y de bandos opuestos que la lealtad y el humanismo. (pág. 25)

Sólo aquel que se mantiene libre frente a todo y a todos, conserva y aumenta la libertad en la tierra.  (pág. 25)

Sobre la educación..
[Los maestros] no cesan de gritarnos en los oídos como si vertieran agua en un embudo, y nuestro cometido se limita repetir lo que nos han dicho. En vez de dejar que los alumnos desarrollen provechosamente sus propias opiniones, los llenan de materia muerta. Nos esforzamos sólo en llenar la memoria, y dejamos el entendimiento y la conciencia vacíos.  (pág. 42)

Precisamente el exceso de saber impartido ahoga la capacidad de formarse una imagen personal del mundo.  (pág. 42)

Nuestros maestros deberían juzgar solo el progreso que un alumno ha hecho de acuerdo con el testimonio de su vida, no mediante la simple memoria. (pág. 43)

Pero nadie sufre el martirio de la escuela como el niño dotado, cuyo talento y alcance los maestros, con sus métodos secos, no saben cultivar ni hacer fértiles. (pág. 45)

No es, pues, un filósofo, a no ser en el sentido de Sócrates, al que prefiere porque no ha dejado nada, ni dogma ni doctrina ni ley ni sistema, nada excepto una figura: el hombre que se busca en todo y lo busca todo en sí mismo. (pág. 68)

La cosa más importante del mundo es saber ser uno mismo. (pág. 77)

Quien piensa libremente, respeta toda libertad sobre la tierra. (pág. 82)

sábado, 16 de junio de 2012

Sonrisas y lágrimas en la escuela. Antonio Aramayona Alonso (Smiles and tears at the school)



Cuando pienso (luego existo) acerca del sistema educativo en el que confiamos (condenamos) a nuestros hijos no puedo por más que experimentar una creciente acidez estomacal acompañada por una indignación y sentido de estafa superlativo.
Con la seguridad de que el sistema educativo es el supersistema sobre el que se asienta el resto de nuestra sociedad, siento que cualquier reflexión acerca del mismo debe hacerse desde una perspectiva de seriedad absoluta, y no me estoy refiriendo a la seriedad de cartón piedra que impera en cátedras, partidos políticos, (des)gobiernos al uso y otros grupúsculos clientelistas, sino desde la convicción de que en la fábrica de humanos sociales que es este sistema, estamos jugándonos el presente y el futuro de nuestra sociedad y, lo que es peor, el de los millones de especies que viven en este planeta actualmente dominado (y esquilmado) por el Homo (no)Sapiens.
Probablemente fue precisamente la invención de la educación, no solo como una transmisión de conocimientos útiles para la supervivencia inmediata, sino como un complejo sistema de acumulación, reelaboración y mejora de conocimientos, fundamentalmente técnicos,  lo que nos ha permitido viajar desde las sabanas africanas hasta el selenita Mar de la Tranquilidad. 
No obstante, ha sido este un viaje plagado de sufrimientos, de muertes innecesarias y de daños ecolaterales que hoy, en el albor de una nueva etapa en nuestra historia, estamos más que nunca en riesgo de catástrofe total, precisamente, desde mi punto de vista, debido a que en ese sistema educativo faltan elementos de compasión, de empatía, de colaboración, de "sanidad mental y emocional" y de visión de futuro compartido, que, más que nunca, son vitales, precisamente por la capacidad de acción global y brutal que nos brinda un poder tecnológico inmenso que apenas alcanzamos a comprender y controlar.
A nivel local, en esta España cañí que nos ha tocado (sufri)vivir, padecemos todos los males que aquejan al sistema global acentuados por una especial incapacidad de gestión de nuestros (des)gobernantes y una miope visión histórica, que centrada en el mantenimiento de privilegios a ultranza y mediatizada por grupos de poder herederos de una historia cainita, mantienen el sistema (no)educativo en un grado de subdesarrollo que trunca las esperanzas de los jóvenes, no asegura la renovación generacional, y nos pone a merced de actores globales sin apenas capacidad para plantear siquiera cómo queremos construir nuestro futuro.
La TV, hipermedio de una potencialidad educativa descomunal, que mediatiza la práctica totalidad de nuestra vida en sociedad, actualmente provee de contenidos, salvo honrosas y escasas excepciones, altamente alucinatorios que provocan el que los tele-esclavos caigan en una especie de idiotez atemporal de existencia permanente. Ello imprime la sensación de que nada cambia, de que podemos ser eternos adolescentes, eternos disfrutadores de placeres y gustos personales. La TV ofrece un refugio ilusorio frente a la realidad del discurrir temporal en que nos vemos impelidos a un cambio permanente. Favorece el aplazamiento de las obligaciones y de las decisiones vitales que obligatoriamente hemos de acometer. Nos instala en un permanente círculo de confort muy similar al que "disfrutan" los hámsters cuando giran y giran en sus ruedas.
Cuando miramos a nuestro pasado nos encontramos con recuerdos de nuestra vida escolar desvirtuados por el tamiz de positivismo con que evocamos casi cualquier hecho acontecido en nuestra juventud ya que son las emociones, las positivas con gran fuerza, las que fijan  los recuerdos en nuestra mente.

Probablemente la imagen de Chaplin en "Tiempos modernos" sea la que plasme con mayor fidelidad los productos y subproductos de nuestro sistema educativo.

Todo ello hace urgente una toma de conciencia, que está en ciernes, y una acción decidida de toda la sociedad en aras de una transformación del sistema que permita a nuestros jóvenes atisbar una cierta esperanza, por que sin ella, el futuro es inexistente.

Creo que, esta línea de acción, se enmarca el trabajo de Antonio Aramayona. No puedo por más que recomendar encarecidamente su lectura a cualquier persona que desee conocer un panorama glocal (perspectiva global con detalle local, como se dice ahora, ) de la educación en España.
Aunque la totalidad del texto no tiene desperdicio quiero dejar aquí algunas perlas del pensamiento de Antonio Aramayona que, personalmente, considero de imprescindible reflexión:

El sistema educativo forma parte de un sistema global que consideraría una peligrosa amenaza que las personas pensasen por su cuenta y poseyeran un criterio propio para analizar y encarar el mundo y la vida. (p26)

La primera asignatura, la principal y fundamental, es descubrir cuáles son las metas de todo ser humano. (P30)

Quizá el error radique más en lo que se calla que lo que se dice: se silencia en qué radica el fracaso y se silencia que, de existir fracaso, de alguna manera todos hemos fracasado. (P30)

(...) buena parte del alumnado ( y del profesorado) acude a la escuela con muy escasa implicación personal. (P31)

La gran autoalienación de la escuela consiste en que lo más genuino de cada uno va quedando cada vez más oculto y ocultado por el devenir anónimo de las asignaturas, las evaluaciones, las calificaciones o los deberes. (P32)

En la escuela no se pide a un alumno que construya su propio yo, sino que se limite a mostrar y demostrar un yo social y académicamente aceptable para el sistema. (P33)

La mayor parte del alumnado se siente desgraciado en la escuela o por causa de la escuela; incluso también cuando pienso en la escuela. (P43)

El silencio que se impone por vía disciplina permite escuchar poco (P61)

La mayor parte de los estudiantes estudiar para el examen, sólo para el examen y nada más que para el examen. y si la última meta es el aprobado, se calculará grossomodo el esfuerzo mínimo necesario para obtenerlo. (P73)

Resulta paradójico que hoy se exijan títulos, másteres, cursillos para cualquier trabajo, y se crea que no hay nada especial que saber o aprender en un asunto tan importante como tener hijos y la educación de un ser humano (P83)

Por mucho que les cueste, los padres deben asumir lentamente el papel de espectadores de la vida de sus hijos, a medida que crecen, pues, aunque les duela, son estos y solo estos los que en definitiva han de  decidir qué hacer con su vida (P84)

Las comparaciones son casi siempre odiosas, sería muy recomendable que cada generación se dedicase exclusivamente a vivir bien y a gusto, a ser coherente con sus propias convicciones y a dejar en paz a los demás (P85)

Los conflictos escolares de Nottingham, del barrio madrileño de San Blas o del Bronx neoyorquino constituyen sólo la punta de un inmenso iceberg de violencia y marginación social del que también forman parte, por ejemplo, los desaforados hinchas de un equipo de fútbol, las colas de parados sin esperanza, los habitantes de algunas zonas suburbanas o las jaurías de fundamentalistas que asolan y destruyen cuánto queda su alcance (P87)

Lo llaman formación, pero en realidad es sólo  trabajo muy mal pagado. lo llaman flexibilidad laboral, pero realmente es sólo un inmenso cubo de basura. lo llaman ley de la oferta y la demanda, pero sólo deciden los que tienen en exclusiva la sartén por el mango. lo llaman libre mercado, pero en ese mercadeo acaban con contrato fijo e indefinido sólo los hijos o los sobrinos del dueño del chiringuitos o también los hijos de los amigos de sus amigos (P91)

Algunos profesores piensan que el prestigio de una asignatura es directamente proporcional al número de suspensos que genera (P93)

La dificultad de una asignatura es también directamente proporcional al número de academias y profesores particulares que las familias pagan para que sus hijos puedan aprobar finalmente (P93)

Confunden así la auténtica autoridad con un elenco institucional de automatismos sancionadores que posibiliten que cualquier problema que de borrado a golpes de reglamento disciplinario (P100)

Entre todos estamos construyendo, unos por acción y la mayoría por omisión, un mundo cada vez con mayores desigualdades económicas, culturales, profesionales, sociales y personales, donde la igualdad de oportunidades es a menudo, ateniéndonos a los hechos, papel mojado (P109)

Pero lo realmente imprescindible es alentar y fomentar ciudadanos críticos, despiertos, inquietos, responsables, libres, luchadores, solidarios, seguros de sí mismos, llenos de proyectos, sensibles a las desigualdades, conscientes de sus capacidades, contentos por compartir, saber, mejorar y progresar, y a los que nada ni nadie les resulte ajeno (P110)

Pensar es entender (inteligir) las cosas como realidad propia, frente a la que respondemos y con la que vimos. lo más lejano, según esto, de aprender y de pensar es una actividad pasiva, sumisa, carente de crítica, que se limita a engullir contenidos que han de ser aceptados y estudiados por el mero hecho de estar en un libro de texto, de ser «objetivos» (P115)

La libertad responsable es el máximo - y casi único- garante de la autonomía humana. una educación adecuada debería por ello fomentar y alentar  este talante crítico. de lo contrario, el sistema educativo se puede convertir en un instrumento de legitimación y consolidación de la ideología dominante (P115)

Sus padres son vistos como una fuente inagotable de satisfacción de los deseos y las necesidades ( a menudo también de los caprichos), a los que no sólo se les pide, sino que se les exige (P117)

Probablemente, el mayor fallo de muchos educadores es no crear ilusión y pasión en sus hijos, en sus alumnos. nadie estudiara sin que en el horizonte de su vida alumbre una ilusión o asome una pasión (P119)

Esperar que los chavales vengan con la mochila y los libros recién comprados, y con la correspondiente dosis de ilusión y de interés, es una cándida memez (P119)

La violencia en la escuela no es más que una gota de agua en un inmenso océano de violencias (P131)

Violencia escolar es también la desidia, abulia y pasividad de quienes tienen potestad y obligación de cambiar las cosas ( gobernantes, consejeros, directores generales, inspectores), pero se limitan a quitarse de encima, cual patatas calientes, a los alumnos conflictivos y embutirlos en centros no preparados para encargarse de su educación (P133)

Limitarse a que la escuela, sin más recursos, medios y servicios, afronte el problema de la marginación, la desestructuración de la personalidad, la predelincuencia, el analfabetismo funcional es una irresponsabilidad (P133)

Salvo en la segunda república española, en la que se realizó un enorme esfuerzo por crear e incentivar la escuela pública, nuestro país  ha estado sumido durante muchos siglos en un estado de abandono educativo y cultural del pueblo (P141)

En la escuela pública se forman ciudadanos, personas. sin otras adjetivaciones, sin más aditamentos. las ideologías, las creencias, los dogmas, los mitos, las supersticiones quedan para las casas de quienes lo quieran y para las iglesias. en la escuela pública sólo debe encontrarse personas libres, cultas, responsables, inquietas, críticas y comprometidas con el mundo y la sociedad donde viven (P143)

¿Cúando dejaremos en paz a los niños y respetaremos su libertad de conciencia hasta que estén en condiciones de decidir por ellos mismos? (P146)

domingo, 18 de diciembre de 2011

El silencio de los libros. George Steiner / Ese vicio todavía impune. Michel Crépu


 





Fragmentos para pensar

El silencio de los libros

La escritura dibuja un archipiélago en las vastas aguas de la oralidad humana (p12)

No hay un solo ser humano en este planeta que no tenga una u otra relación con la música. La música, en forma de canto o de ejecución instrumental, parece ser verdaderamente universal. Es el lenguaje fundamental para comunicar sentimientos y significados. La mayor parte de la humanidad no lee libros. Pero canta y danza (p13)

Los términos "inscripción" , "escrito", "escriba" y el productivo campo semántico del que proceden enlazan íntima e inevitablemente el acto de escribir con unos modos de gobierno. (...) El despotismo ejercido por el clérigo, por el político, por la ley, sobre los iletrados o los semianalfabetos no hace sino poner de manifiesto esta absoluta verdad cardinal. La implicación de la autoridad en un texto, el dominio y el uso exclusivo de estos textos por una élite de letrados son signos de poder. (p18-19)

La oralidad aspira a la verdad, a la honradez de corregirse a  uno  mismo, a la democracia, como un patrimonio común. (...) Una cultura oral es la cultura del recuerdo siempre actualizado de nuevo; un texto, o una cultura del libro, autoriza todas las formas de olvido. (p20)

La educación moderna se asemeja cada vez más a una amnesia institucionalizada. Aligera el espíritu del niño de todo peso de la experiencia vivida. Sustituye el saber de memoria, "de corazón" , que es también un saber del corazón, por un caleidoscopio transitorio de saberes siempre efímeros. Limita el tiempo al instante e instila, hasta en los sueños, un magma de homogeneidad y de pereza. (p22)

El silencio se ha convertido en un lujo. Y sólo los más afortunados pueden tener esperanzas de escapar a la invasión del pandemonium tecnológico (p35)

Radicalizando la paradoja rousseauniana, Tolstoi opina que la gran cultura, y en particular la gran literatura, han ejercido una influencia deletérea, al afectar a la espontaneidad, el fundamento moral de los hombres y mujeres. Han apoyado las nociones de elitismo, de obediencia a la autoridad temporal; han favorecido un sistema educativo embustero y el vicio de la frivolidad. (p39)

En 1821, en Alemania, Heine requerido a pronunciarse sobre un periodo de exaltación nacionalista en el que se quemaron libros, observaba: "Donde hoy se queman libros, mañana se quemará a seres humanos" (p42)

Los fundamentalistas de todos los bandos queman los libros por instinto (p43)

Donde el aparato represivo cede ante los valores vehiculados por los medios de comunicación de masas y ante el bombo publicitario, como sucede hoy en la Europa occidental, asistimos al triunfo de la mediocridad (p46)

El orgulloso ideal miltoniano que vaticinaba la victoria segura de lo verdadero sobre lo falso en todo combate abierto y sin censura pertenece a un mundo muy diferente del nuestro (p47)

Ningún país ha honrado tanto como Alemania ni ha apoyado con tanta autoridad la vida del espíritu, la producción de libros, su estudio y el estudio de las humanidades académicas. En ningún momento las fuerzas de la erudición y de la sensibilidad humanista pusieron freno al triunfo de la barbarie (p53)
El genio literario y filosófico ha coqueteado con la parte oscura del hombre, prestándole oído y brindándole apoyo. (p54)

El intelectual, el mandarín universitario, el ratón de biblioteca  no están acostumbrados a ser valientes (p55)

el chantaje de lo "políticamente correcto" ha suscitado poca resistencia, poca dignitas entre los universitarios. Son muchos los que han aullado con los lobos. Y en premio han sido devorados. (p55)


El eurudito, el verdadero lector, está saturado por la intensidad terrible de la ficción. Su formación le predispone a no identificarse de la manera más intensa sino con las realidades textuales, con la ficción. (p58)

Un vientecillo de inhumanidad sopla en la torre de los libros de Montaigne, en las reglas decretadas por Yeats de que el hombre debe elegir entre la perfeccción de la vida y la del arte, en la certidumbre de Wagner de que nada debe a quienes le han ayudado en su vida porque su sola presencia en las notas de su biografía les hará inmortales (p59)
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Ese vicio todavía impune.

¿Qué es la literatura? Un lugar que no es lugar, un tiempo que el tiempo no cuenta, una lengua que no es el lenguaje (p66)

No hay mística sin una teología, no hay teología sin una estética; forman un todo, un tejido único... (p70)

La experiencia de la soledad, de la mirada posada en la ventana sobre los tejados, la experiencia de esa tristeza tan extraña y dulce que está en el fondo de todos los libros como una luz de sombra, esa experiencia capital en la que consiste la iniciación al mundo y a la finitud, esa experiencia se ve como impedida, incluso prohíbida.(p78)

Lo nuevo es que esa guerra contra los trastornos del vicio impune (..), en nombre de la expansión y de la rentabilidad tanto psicológica como comercial, es librada por un ejército de necios, rutilante de estupidez y de feroz ambición. Son los imbéciles de los que hablaba Bernanos. Se les reconoce de manera infalible por si falta de gusto, por su incapacidad para usar con tacto y justeza el poder del que ahora disponen. (...) El poder mediático no tiene nada en las manos, la sustancia que pretende transmitir es nula (p81)

Comentario.
Es sumamente difícil hablar razonadamente de un texto donde lo realmente sustantivo es la emoción que, por varios motivos, suscita. Por ponernos frente a interpretaciones rupturistas de apacibles creencias, por llevarnos, casi en volandas de la oralidad a la textualidad,  por mostrarnos una forma alternativa de percibir el valor histórico y sociológico del libro como vehículo, no solo de cultura o de belleza, sino también de odio y violencia.
Desde mi punto de vista una propuesta imprescindible para todos los que gustamos de pensar los libros y de disfrutar con ellos. 

jueves, 3 de noviembre de 2011

Ensayos escépticos. Bertrand Russell



Ficha:
Ensayos Escépticos
Bertrand Russell
Traducción de Miguel Pereyra, Tomás Fernández Aúz y Beatriz Eguibar
Colección Otros Mundos
Primera Edición, Junio de 2011
285 págs, Rústica
RBA Editores.
ISBN 978-84-9006-042-I
Dep. Legal B.21321-2011
Bertrand Russell
Comentario
(Recopilando...)

Fragmentos para la reflexión
(...) ya que esas reglas son meros hábitos del cuerpo, como los que pueda exhibir un jugador de tenis, las adquirió en la juventud, y no a causa de una fe intelectual que le instara a creer que respondían a la verdad, sino por complacer al maestro, del mismo modo que el perro aprende a sentarse sobre las patas traseras para solicitar comida. No digo que la educación entera sea de este mismo tipo, pero desde luego el aprendizaje de la escritura, la lectura y la aritmética lo es en la mayoría de los casos. (p28)

Los métodos que por lo común se aplican a la educación no ejercen prácticamente efecto alguno sobre el inconsciente, de modo que las actuales [1922] técnicas pedagógicas son incapaces de instruirnos en la sagacidad. (p33)

Ignoramos cómo hay que proceder para enseñar a la gente a ser sagaz  o virtuosa, pero sabemos perfectamente, al menos dentro de ciertos límites, cómo aleccionarles para que sean racionales: basta con invertir punto por punto las prácticas que sugieren las autoridades educativas (p33)

La respetabilidad, la regularidad y la rutina -esto es, la férrea disciplina de las modernas sociedades industriales- han atrofiado el impulso artístico y aprisionado el amor hasta el punto de incapacitarlo para seguir mostrándose generoso, libre y creativo -viéndose, muy al contrario, en la necesidad de actuar con estrechez de miras o por medio de efusiones furtivas-. Se han aplicado métodos de sujección y control a los movimientos del alma que más debieran  gozar de libertad, mientras que la envidia, la crueldad y el odio campan a sus anchas con la bendición de la entera curia episcopal o poco menos. (p35)

(...) la gran masa de creencias que supuestamente nos sostienen en la vida cotidiana apenas es otra cosa que la encarnación misma del deseo, reorientada aquí y allá, en unos cuantos puntos aislados, por el rudo roce de los hechos (p37)

Los males de la vida proceden en parte de causas naturales, y en parte también de la hostilidad con que los hombres se tratan unos a otros. En el pasado, la competencia y la guerra eran una necesidad vinculada con la obtención de alimentos, ya que únicamente los vencedores podían hacerse con ellos. Hoy, gracias al dominio de las fuerzas naturales que la ciencia ha empezado a conseguir, todo el mundo podría disponer de mayores niveles de dicha y bienestar, pues bastaría para ello que todos nos centráramos más en la conquista de la naturaleza que en el sojuzgamiento mutuo. (p47)

Y hay sobre todo una liberación de la tiranía del Miedo, un mal que oscurece la luz del día y hace que a los hombres les resulte imposible abandonar su servilismo y crueldad. No hay ser humano que pueda liberarse del temor sin atreverse a mirar cara a cara, en su verdadera dimensión, el lugar que ocupa en el mundo. Y a ningún hombre le será dado materializar la grandeza de que es capaz en tanto no se haya avenido a reconocer su propia pequeñez (p48)

(...) he llegado a considerar que la pereza es una de las mejores cualidades que anidan potencialmente en el hombre corriente. Logramos ciertas cosas mostrándonos dinámicos, pero cabría preguntarse si, en conjunto tienen algún valor las cosas que obtenemos. Hemos desarrollado una asombrosa capacidad para la manufactura, y parte de esas facultades las consagramos a la fabricación de barcos, automóviles, teléfonos y otros instrumentos con los que vivir lujosamente y a toda velocidad, dedicando otra parte a la producción de armas de fuego, gases tóxicos y aeroplanos destinados a matarnos unos a otros en gran número. Nos hemos dotado de un sistema administrativo y fiscal de primera categoría, un sistema que en parte se ocupa de la educación, la atención sanitaria y otros propósitos útiles de esa misma índole, pero que por lo demás entrega el resto de sus energías a la guerra. (p119)

Confucio enseñaba que los hombres nacen bondadosos, y que si se corrompen es debido a la fuerza del mal ejemplo o de unas costumbres torcidas (p121)

En nuestra sociedades consideramos lumbreras morales a aquellas personas que renuncian a los placeres ordinarios para hallar compensación en una práctica distinta: la de inmiscuirse en los placeres de los demás. Hay un cierto componente de entrometimiento en el concepto de virtud que manejamos, ya que no damos en pensar que la bondad de un hombre alcance a ser excepcional a menos que él mismo se muestre dispuesto a incordiar a un gran número de personas (p121)

En nuestras sociedades, las diferencias de opinión se convierten rápidamente en cuestiones "de principio": cada parte piensa que la otra actúa de forma sesgada y que toda cesión  a sus pretensiones implica compartir su culpa. Esto hace que nuestras disputas sean más acres, y en la práctica lleva aparejada una tendencia muy superior a recurrir a la fuerza. (p122)

(...) si uno desea la paz habrá de prepararse para paz, y no para la guerra (p128)

(...) los sermones y la cárcel tienen tantas posibilidades de enmendar el vicio como de de reparar un neumático pinchado (p128)

(...) es mejor ser honesto que tratar de dar ejemplo (p129)

(...) quizá convenga simplificar lo que entendemos por inherente al hombre bueno: un hombre de tal índole es aquel cuyas opiniones y actividades complacen a quienes ostentan el poder. (p131)

El hombre que se abstiene de la realización de ciertos actos catalogados como "pecaminosos" es un hombre bueno, aunque jamás haga nada que contribuya a impulsar el bienestar de sus semejantes (p136)

La moralidad oficial siempre ha sido opresiva y negativa: se ha basado en anteponer la partícula "no" a todos sus preceptos, y no se ha tomado la molestia de averiguar el efecto de las actividades que su código no prohibe (p137)

(...) un mundo que se apoya en unas instituciones basadas en el odio y la injusticia tiene muy escasas posibilidades de generar felicidad (p138)

Puede que la fuerza de la inteligencia racional sea pequeña, pero es constante, y siempre actúa en la misma dirección, mientras que las fuerzas de la insensatez se destruyen unas a otras en una pugna estéril (p138)

Nuestros legisladores puritanos juzgan que la miseria, las enfermedades crónicas de las mujeres, el nacimiento de niños enfermos, la superpoblación y la guerra son males menores que el hipotético placer de unos cuantos jovencitos insensatos (p144) [acerca de la legislación contra la obscenidad]

Después del disfrute de uno mismo, el mayor placer que puede experimentarse es el derivado de impedir a otras personas que ellas mismas alcancen a disfrutar de algo, o por decirlo en términos más generales, el máximo placer consiste en la adquisición de poder. (...) el amor al poder hace más daño que la afición a la bebida. (...) en las personas virtuosas el amor al poder se camufla en forma de amor a las buenas acciones, pero esto apenas disminuye en nada  el carácter de sus efectos sociales. Únicamente significa que castigamos a nuestras víctimas por ser malvadas no por ser enemigos nuestros. En cualquiera de los dos casos, la consecuencia es la tiranía y la guerra. La indignación moral es una de las fuerzas más dañinas del mundo moderno, tanto más cuanto que quienes controlan la propaganda siempre pueden sesgar su curso y ponerla al servicio de objetivos siniestros. (p147)

El puritano imagina que su criterio moral es el criterio moral (p147)

Hemos de abrigar la esperanza de que una educación más amplia, unida a un conocimiento más profundo del género humano, pueda ir debilitando gradualmente el fervor de nuestros maestros, propensos al exceso de virtud (p148)

La habilidad del político consiste en adivinar aquello que puede hacer creer que es personalmente provechoso (p150)

Será vano pretender que los políticos sean lo suficientemente elevados para defender las ideas consideradas como buenas por los genios, pues entonces los políticos serán relegados a segundo término
(p150)

El industrialismo ha operado un cambio rápido en lo que nos rodea, tanto en lo humano como en lo material. Nuestros instintos no han cambiado, y, aparentemente,nada se ha hecho aún para adaptar nuestra manera de pensar a las nuevas circunstancias (p154)

Nuestra educación nos enseña aún a admirar aquellas cualidades biológicamente adecuadas a los tiempos homéricos, sin tener en cuenta que ahora son perjudiciales y ridículas. Cualquier movimiento político que aspire al éxito apelará instintivamente a la envidia, a la rivalidad, al odio, y nunca a la necesidad de cooperación. (p154)

Deprime tanto el pensar que sufrimos por necios, y, sin embargo, esa es la verdad con respecto al género humano en su totalidad (p155)

La experiencia de la guerra nos ha dado la solución técnica de esto [la cooperación], pero no la psicológica, porque no nos ha indicado el medio de estimular la cooperación en tiempo de paz con la eficacia que el odio y el temor a los alemanes lo hicieron durante la guerra (p157)

(...) cualquier internacionalismo con éxito ha de organizar internacionalmente sus distintas funciones y no contentarse con una corporación internacional para resolver problemas nacionales opuestos (p160)

(...) un Gobierno Internacional como el que tenían los aliados durante la guerra [Primera Guerra Mundial] aumentaría el bienestar material, mental y moral de casi toda la población del globo, si se generalizase en tiempos de paz. (p160)

Una medida que no daña a nadie no puede ganar adeptos, y una medida que gana muchos adeptos despierta también una oposición terrible (p161)

El único sentimiento que encuentra un eco instintivo en la política de partidos es la hostilidad; los que perciben la necesidad de la cooperación no tienen poder alguno. Hasta que la educación haya sido llevada por cauces distintos durante una generación y la prensa haya abandonado sus llamamientos al odio, no hay esperanza de que nuestros métodos políticos actuales  adopten una conducta que no sea perjudicial. Pero no se ve ninguna manera de cambiar la educación hasta que nuestro sistema político se modifique (p161)

...tenemos que ser escepticos aún de nuestro escepticismo (p162)

Un escepticismo politico muy difundido es posible; equivale psicológicamente, a concentrar nuestra animosidad en los políticos en vez de hacerlo en las naciones o en las clases sociales. Puesto que la animosidad solo puede hacerse efectiva por medio de los politicos, una animosidad de la que ellos sean objeto podrá ser psicológicamente satisfactoria, pero no puede ser socialmente perjudicial (p162)

(...) en una democracia no se tolera a un politico honrado, a menos que sea muy tonto (...) pues hace falta ser muy tonto para tener honradamente los prejuicios de más de la mitad de la nación. En consecuencia, un hombre inteligente y con dotes políticas tiene que ser hipócrita para alcanzar éxitos políticos; pero la hipocresía acabará por destruir sus dotes políticas (p163)

Los intereses comunes e la humanidad son numerosos e importantes, pero nuestra maquinaria política actual los oscurece por sus luchas entre naciones y partidos. Una nueva maquinaria que no requiera de cambios legales o constitucionales, y de fácil creación, minaría la fuerza del apasionamiento nacional y de partido, concentrando la atención sobre las medidas beneficiosas para todos y no sobre aquellas que perjudican a nuestros enemigos. Creo que esta es la forma de evitar el peligro que amenaza a la civilización, en vez del gobierno de partidos y la diplomacia interior y exterior. El conocimiento existe, lo mismo que la buena voluntad; pero ambos serán impotentes hasta que dispongan de órganos para hacerse oír (p164)